sábado, abril 28

La importancia de llamarse...

miércoles, abril 18

In Absentia pero contento

viernes, marzo 30

En últimas, en asuntos de religión, creer o no creer no es sólo una decisión racional. La fe o la falta de fe no dependen de nuestra voluntad, ni de ninguna misteriosa gracia recibida de lo alto, sino de un aprendizaje temprano, en uno u otro sentido, que es casi imposible de desaprender. Si en la infancia y primera juventud se nos inculcan creencias metafísicas o si por el contrario nos enseñan un punto de vista agnóstico, o ateo, llegados a la edad adulta será prácticamente imposible cambiar de posición. Los niños nacen con un programa innato que los lleva a creer, acríticamente, en lo que afirman con convicción sus mayores. Es conveniente que sea así pues qué tal que naciéramos escépticos y ensayáramos a cruzar la calle sin mirar, o a probar el filo de la navaja en la cara para ver si corta de verdad, o a
internarnos en la selva sin compañía. Creer a ciegas lo que le dicen los padres es una cuestión de supervivencia, para cualquier niño, y en eso caben los asuntos de la vida práctica como también las creencias religiosas. No creen en fantasmas o en personas poseídas por el demonio quienes los han visto, sino aquellos a quienes se los hicieron sentir y ver (aunque no los vieran) desde niños.
A veces unas pocas personas, ebrias de racionalidad, al crecer, recapacitan y por algunos años adoptan el punto de vista descreído, aunque hayan sido educados de un modo confesional, pero cualquier fragilidad de la vida, vejez o enfermedad, los vuelve tremendamente susceptibles a buscar el apoyo de la fe, encarnada en alguna potencia espiritual. Sólo quienes estén, desde muy temprano en la vida, expuestos a la semilla de la duda, podrán dudar de una u otra de sus creencias. Con una dificultad adicional para el punto de vista que desconoce la vida espiritual (en el sentido de seres y lugares que sobreviven después de la muerte o que son preexistentes a nuestra propia vida), que consiste en que probablemente, por una cierta agonía existencial del hombre, y por nuestra torturadora y tremenda conciencia de la muerte, el consuelo de otra vida y de tener un alma inmortal, capaz de llegar al Cielo o capaz de trasmigrar, será siempre más atractiva, y dará más cohesión social y sentimiento de hermandad entre personas lejanas, que la fría y desencantada visión en la que se excluye la existencia de lo sobrenatural. Los hombres sentimos una honda pasión natural que nos atrae hacia el misterio, y es una labor dura, y cotidiana, evitar esa trampa y esa tentación permanente de creer en una indemostrable
dimensión metafísica, en el sentido de seres sin principio ni final, que son el origen de todo, y de impalpables sustancias espirituales o almas que sobreviven a la muerte física. Porque si el alma equivale a la mente, o a la inteligencia, es fácil de demostrar (basta un accidente cerebral, o los abismos oscuros del mal de Alzheimer) que el alma, como dijo un filósofo, no sólo no es inmortal, sino que es mucho más mortal que el cuerpo.

miércoles, marzo 28

(1941-2012)

jueves, marzo 22

Parientes

miércoles, marzo 21

Juntos

viernes, marzo 9

a imprenta!

martes, febrero 14

y pegue facha pegue

domingo, febrero 12

el jardín del ausente


(Foto de Palo Orge)

sábado, enero 21

me voy de vacaciones, los dejo con flopa

Viaje al centro de las urnas

Me publicaron esta crónica en Ciudad X.

domingo, enero 15

Beatriz Sarlo

jueves, enero 5

Infladísima





La crítica de cine es
un asunto muy delicado
para dejarlo en manos
de los críticos de cine.

miércoles, diciembre 28

jueves, octubre 20

martes, octubre 11




otra colaboración para








viernes, octubre 7

Un sucio patriota

jueves, octubre 6

fragilidad

lunes, octubre 3

Menotti, Villita... y Groucho!!!!!

martes, septiembre 20

“Todos tenemos un tío que se perdió”

Sobre La sed de Hernán Arias, Missing de Alberto Fuguet… y otras historias familiares.


1

Resulta que estos dos libros, leídos con casi dos años de diferencia entre sí, se me han quedado juntos en la memoria. Por sus dos “tíos perdidos”, y por un tercero, el de mi familia, al que continuamente me hicieron acordar sus páginas.


2

Mi tío Hugo, a diferencia del Carlos de Missing y el “mi tío” de La sed, no es precisamente un tío “de sangre”. Mi recuerdo más viejo de él es en la vieja casa de mis abuelos paternos en Cintra, sudeste de Córdoba. Es el festejo de su casamiento con Nora, hermana de mi papá, los dos con diecisiete años y en la cabecera de una larga mesa. Es año 75 ó 76, y desde entonces hasta unos nueve o diez años más tarde, tengo un par de buenos recuerdos de él.

El primero es un viaje de Cintra a Marcos Juárez, viaje en el día, de salir temprano a la mañana y volver a la tardecita. Él debía tener que cumplir con tareas de visitador médico, pero me es imposible asegurarlo. Yo no era más que un nene y no me interesaba a qué íbamos allá, sino la aventura, la buddy movie del viaje en sí. Se me hace que es fines de los setenta, pero esto tampoco es seguro. Lo más vívido es cierta reminiscencia de libertad, de camaradería, de buena conversación entre un grande y un chico. De asombro a través de esas rutas provinciales que nos llevaban hacia esa pequeña ciudad desconocida.

Mi otro recuerdo es de años más tarde, poco antes de que Hugo se esfumara. Él y mi tía ya tenían tres hijos, mis primos Raquel, Javier y Paula, y habían vivido en distintos lugares: Cintra, Buenos Aires, Villa María. Esta vez nos visitaban en nuestra casa de Córdoba, en Barrio Colón. Eran tiempos de catarsis democrática, de exhumación y condena del pasado reciente, de artistas que volvían del exilio y discos que se escuchaban nuevamente. Mi viejo había comprado un centro musical, moderno artefacto que reunía tocadiscos y pasacassette, y entre otros cassettes, un compilado con el título Reunión en libertad. Esas diez o doce canciones eran la banda de sonido de nuestra vida de aquellos días, tanto en casa como en el auto. Empezaba con una de Víctor Heredia, Informe de la situación, y le seguían, entre una mayoría que no recuerdo, León con Bajaste del Norte, Charly con El fantasma de Canterville, Vamos a andar de un tal Silvio Rodríguez (la mejor lejos), Mirta, de regreso por Baglietto (a cuyo personaje la mayoría tomaba por preso político en vez de común), y al final una de Julio Lacarra, La canción de nuestros días. Se lo hice escuchar a mi tío Hugo, y él empezó a contarme en detalle sobre esos cantantes y esas canciones que tanto me gustaban aunque, a mis trece, no las entendiera del todo. Era un experto, sabía más que mi viejo. A esa altura ya debía ser un comentario en la familia su afición a los festivales de rock, a los que supuestamente iba en compañía de una mujer unos años mayor que él, durante los largos días de sus salidas a la ruta como visitador médico.

Poco tiempo después de esa visita fue que se borró. Partió y dejó en banda a su familia, no dando más señales hasta varios años después, cuando reapareció con la intención de ver a sus hijos. Consiguió hacerlo en unos encuentros de los que poco supe, salvo que fueron fríos, como si el que reaparecía hubiera sido poco más que un extraño.

Después no supe más que chismes, habladurías. Leyendas como la de que estaba en Bell Ville, prendido con los peronistas del gordo Carbonetti, o la otra, la de su paso por el cementerio de Cintra, donde según quien dijo haberlo visto, lloró sin consuelo frente a la lápida de mi prima Paula, muerta a los dieciocho años en un accidente de moto.


3

Mis recuerdos del tío Hugo se parecen bastante a los que reelabora La sed. En la novela de Arias hay una voz que recuerda, y que en ese recuerdo reproduce el descubrimiento del mundo por parte de un niño. Ya se ha aludido mucho, quizás demasiado, a la etimología del verbo “recordar”: eso de “volver a pasar por el corazón”. Como sea, aquí también vale revisitar el lugar común. Con el detalle de que La sed, no cae en sentimentalismo alguno. Lo vivido pasa por el corazón, sin duda, pero bajo la forma de un recuento minucioso y despojado, en el que la verdad se muestra y a la vez se esconde bajo un relato cristalino sólo en apariencia. Como si el recuerdo fuera un objeto en el fondo de una fuente de aguas quietas: nítido y difuso al mismo tiempo.

El tío de La sed es descubierto a la par que el resto de todo un mundo, al que su presencia viene a desestabilizar. En el marco de una existencia familiar pretendidamente llana, serena, conformista, de contratiempos más o menos rutinarios y manejables, el tío surge como una presencia molesta. Al tío el mundo no le cierra, al tío algo le pasa. El tío no puede quedarse quieto, no está tranquilo. Se separa, se va, vuelve con una mujer desconocida. Chupa de más, discute, opina sin filtro. Se saluda con tipos raros, les propone negocios no menos raros.

No es que el sobrino-niño sea capaz de discernir sobre esa falla en el orden de las cosas que viene a encarnar el tío. Su mundo se presenta así y él lo va relatando, eso es todo. Lo medular de esta novela, en todo caso, pasa por el respeto con que el narrador-adulto da cuenta de ese descubrimiento sin interferirlo de ningún modo. Como si Arias (de distinto modo que en Los invitados, su libro anterior, donde elige desplegar un sutil juego de técnicas narrativas y puntos de vista) hubiera comprendido que allí, en el lento asombro de la infancia, está el material, temático y sustancial, de su escritura.


4

En Missing, ya desde el subtítulo (una investigación) se anuncia el gesto exploratorio: se busca a Carlos, pero además, se busca al mismísimo libro. Lo ficcional, que en la novela de Arias es constitutivo, aquí surge como un efecto de “lo real”. Así lo consigna uno de los epígrafes, tomado de Hemingway: “Si el lector lo prefiere, puede considerar el libro como obra de ficción. Pero cabe la posibilidad de que un libro de ficción arroje alguna luz sobre las cosas que fueron contadas como hechos”.

En un pasaje de Missing, Fuguet plantea la posibilidad de hacer una novela de ficción, algo así como La sed. Pero esa “realidad” a la que su proyecto apunta se torna tan enmarañada, que el autor se ve obligado a descartar la alternativa. Con la ficción no alcanza, como tampoco alcanza con ningún otro formato por sí solo. Entonces el libro, que como ya dijimos es también una búsqueda, avanza (y retrocede) con materiales diversos: ficción, no-ficción, apuntes, artículos periodísticos, notas, e-mails, cartas, entrevistas, diarios de viaje, poemas. Y en ese trayecto, al enigma del paradero del tío se van sumando otros: ¿Cómo escribir sobre la propia familia? ¿A quién le conviene la publicación de esos escritos? ¿Es lícito andar por la vida viendo atractivas-historias-con-destino-de-libro, allí donde hay delicadas vivencias personales?...

Y así. Entonces ese libro, el que tenemos en nuestras manos, va retorciéndose en preguntas sobre sí mismo, sobre sus propias condiciones de existencia, a medida que se interna en el objeto de su búsqueda.


5



 “Todos tenemos un tío que se perdió”: así le dice a Fuguet el editor de una revista, para convencerlo de escribir el artículo que da inicio a la investigación que desemboca en Missing. Se supone, según su punto de vista, que estamos ante un tema de alto interés potencial.




Carlos y Alberto Fuguet

Por mi parte puedo afirmar que estos dos libros están entre los más cautivantes que he leído. No sólo por este asunto de los tíos, sino también por las diferentes miradas que los animan. La de La sed, seminal, espontánea, no del todo consciente. La de Missing, adulta, obsesiva, algo (por momentos bastante) forzada. Miradas que se posan sobre esos tíos que escaparon, que salieron a un mundo “de afuera” donde de algún modo ya estaban, pero todavía atados al “adentro” familiar. Casos en los que la sombra de la familia pareció volverse terrible, y fue preciso escapar.


6

Por esos antojos de las lecturas, ocurre que ahora esos dos tíos son mi tío Hugo. Su presencia de ausencia une a esos dos libros y motiva este texto. Un tío que es un enigma y una posible historia. Una historia que también es peligro de abrir heridas.

Mi tío, o quizás alguien que lo conozca, podría algún día googlear “Hugo Elvio Carmona”, y dar con este texto. Si él quisiera, yo no tendría problema en encontrarnos. Le preguntaría qué fue de su vida. Le contaría sobre su familia abandonada, sobre el dolor causado no sé por quién, ni cuándo, ni dónde. Querría saber por qué se fue, cómo es que alguien deja atrás una familia y sigue. Le contaría que he leído un par de libros al respecto.

Pero antes, antes que nada, le avisaría que me dedico a escribir. Y que por lo tanto todo lo que él me diga, podría convertirse en historia: un La sed, un Missing, algo por ese estilo. O a lo mejor en nada de eso, por qué no. Después de todo los libros son apenas una manera, entre tantas, de intentar comprender.

martes, septiembre 13

lunes, agosto 15

Dos mozos pierna

Lunes, 25 de julio [de 1949]. Borges contó el caso del comisario Bertoni. Se decía que hombres como el comisario Bertoni se habían acabado, que ya no habría más funcionarios con ese sentido del deber, de la justicia y de la responsabilidad. Una anécdota ilustraba estas prendas del comisario. Junto a la comisaría había un baldío y allá pastaba una potranca la que le había echado el ojo un muchacho del barrio, un mozo pierna. Una madrugada, en la seguridad de que no habría nadie, el mozo se le acercó sigilosamente, la volteó y se la cogió. Bertoni, que no era sonso y que estaba en todo, había maliciado las intenciones del joven vecino y esa mañana había madrugado más de lo habitual. Desde el alero de la comisaría, donde mateaba, vigilaba el potrerito. En el momento oportuno se apareció en el lugar del hecho y sorprendió al mozo. Con aquel sentido del deber y de la responsabilidad que ya no volverá a verse, le dijo al mozo: "Bajate los pantalones", y ahí nomás le rompió el culo. Borges recordó riendo que también en la Biblia se dice que hay que matar con la misma arma a la persona y al animal (Levítico 20:15-16).
(Borges, Adolfo Bioy Casares; Edición Minor, 2010)


lunes, agosto 8

"Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros."

sábado, agosto 6

Un muchacho de barrio

martes, agosto 2

como veníamos diciendo









Página/12

sábado, julio 30

(1956-2011)

Son 9 y media de la noche del día que murió Bam Bam Miranda, percusionista de la Mona y de Guarango. Llamo a Sabores del Perú y pido para llevar: Porción de Rabas, Cebiche Mixto, Pescado a la Suiza. Don Cebiche, el dueño del restaurant, me dice que puedo pasar en quince minutos. Estoy en Residencial América, me da justo el tiempo para pasar por el 990 de Ducasse antes de retirar la cena en Alta Córdoba. Por allí voy, está lleno de autos estacionados y personas que van y vienen en la semipenumbra. Velorio en el 990, ésta sí que no la tenía. Si fuera creyente me habría persignado. Sigo viaje, subo por Lavalleja. Llego, la cuadra está llena. El cuidador peruano me indica la siguiente. Entro al ex Cebiche, hasta las manos como era de suponer. Atravieso las mesas y llego al mostrador del fondo, donde está Don Cebiche. Junto a él, mis tres bandejas ya embolsadas. Qué lástima que ya estén, pienso, me pierdo el pisco de la espera. Saludo a Don Cebiche.

Estamos de luto, ¿no?
Así es…
¿Usted estaba?
Sí, fue en el cuarto tema. De pronto de cayó contra uno de los parlantes ésos, los triangulares del escenario…
En fin. No se puede negar que la vivió, ¿no?…
Y, lo que pasa es que la droga… Había estado aquí almorzando, con la gente del Consulado…
Mire usted…
Y murió en el teatro, tocando música…
Como Domingo Cura, el bombista.
¿Ah sí?
Claro, hace unos años, en el San Martín pero de Buenos Aires. Estaba tocando con Chico Novarro, el bolerista, y cayó redondo.
Mire usted…
Así es…
En fin…
Se fue el Bam Bam…
Se fue Bam Bam...

Pago, nos despedimos y salgo con las bandejas. En el zaguán, sobre un panel de arpillera, alcanzo a ver el afiche: Guarango con Bam Bam Miranda, Teatro del Libertador, 28 de Julio.






jueves, julio 28

Vocero sincero

sábado, julio 16

miércoles, julio 13

Premio al mejor comentario de Facebook

martes, julio 12

¡Volvió el mejor Fito!

¿El de Del '63?... ¿El de Giros?... ¿El de Tercer Mundo?...
Naaaa... ¡El de Barcelona!

viernes, julio 8

Tomate uno de éstos...



... y olvidate de la selección!

miércoles, julio 6


adrián // jul 6, 2011 at 11:01 am



Soy de Belgrano. Estoy muy contento, naturalmente, pero a la vez conmocionado como tantos futboleros de este país. Porque vamos, que River se vaya al descenso es ni más ni menos que una cruda señal de que nada será como antes. Ya los días anteriores al partido de vuelta, uno podía encontrarse con hinchas de Boca pidiendo que River no se fuera. Y no es tan raro: ¿cómo puede reconocerse, identificarse uno, si ve desdibujarse a su villano?
Lo que percibo en este post, es que la intervención sólo se sostiene a partir de dejar de lado lo administrativo, decisión que me parece errada porque los hinchas tienen una expresión política-participativa en la vida del club, y es la del socio. Son los socios-hinchas los que votaron y dejaron hacer a Aguilar, y los hinchas no-socios lo vieron de afuera pero tampoco hicieron nada. Ergo, los hinchas, socios y no socios, también son responsables. Correr el cuerpo es una opción, pero no me parece la más adecuada.
En el trasfondo de este post encuentro ecos del rancio superclásico civilización vs. barbarie. Creo que ya se ha discutido bastante al respecto, y coincidiremos en que la afición futbolera, como la sociedad misma, será más o menos bárbara, más o menos civilizada, pero no una-cosa-o-la otra.
Y esta idea de ser “la civilización” (o “la aristocracia”) del fútbol, caracteriza a una buena parte de nuestra afición futbolera, y buena parte de esa buena parte… es de River y es sub-40. O sea los que se acostumbraron a ir a la cancha a que les sirvieran caviar, y hoy, que se les sirve un puchero desabrido, reaccionan de diversas maneras como bien se puede ver en este post y esta tira de comentarios.


PD: recomiendo esta nota de Página del domingo.


tomashotel

sábado, julio 2

Sociazo

viernes, julio 1

¿Dónde estás, Omar, que no te puedo encontrar?


domingo, junio 26

Haiku Celeste

Nunca como hoy
me quedó tan claro
eso de gallinas.

jueves, junio 16

No tan diplomáticos

viernes, junio 10

La fórmula del ésito

lunes, junio 6

Realmente grave

La Voz del Interior
Para poner las cosas en términos beatlescos, si al día de hoy el cuarteto se debe su Sgt. Pepper, es porque los grupos viven en un permanente "período Hamburgo", con muchos espectáculos por año. Hay bandas que ofrecen hasta 5 conciertos por semana, y sus integrantes generalmente no encuentran tiempo para componer, tarea que recae en el arreglador del conjunto, que de acuerdo al estilo (y las expectativas de su público) selecciona el repertorio. El repertorio se nutre, a su vez, de tres posibles fuentes. La más común es el cancionero latinoamericano, de donde se extrae un éxito ajeno y se lo lleva al terreno cuartetero. La otra proviene de la pluma del arreglador o un miembro del conjunto. Y la tercera fuente son los compositores autónomos, que escriben canciones en las sombras para ofrecerlas a un grupo y luego, en caso de quedar seleccionadas, cobrar su parte en Sadaic.

José Heinz en Cuarteteando así, incluido en el más que interesante "informe-sobre-cuarteto-para-caretas-como-uno" de la Ciudad X de junio.

lunes, mayo 16

yast bisnes V

jueves, mayo 12

¿Usted quiere decir freaks, don Marcos?

 

martes, mayo 10

Jay Sherman recomienda...



... mi primera colaboración
para El Lince Miope.

sábado, mayo 7

Jorge Rafael Zawinul

viernes, mayo 6

Pasen y lean!

martes, abril 26

Chocolate rancio

Soy de Belgrano, y por añadidura hay algo que no puedo negar: me agradan las derrotas de Talleres. De hecho, cada vez que el club de Barrio Jardín recibe un golpe duro (como el 1-5 del domingo pasado vs. Brown de Madryn) crecen las visitas a cierta entrada de este blog.

Pero resulta que hoy, leo sobre el reportaje radial que ayer le hicieron a Héctor “Chocolate” Baley, arquero del (para desgracia en mi caso…) memorable Talleres de finales de los ’70, y me vienen recuerdos...
Recuerdos de cuando jugaba al “baby fútbol” en el Centro Vecinal Suquía de barrio Empalme, y tras perder algún partido, mis compañeros y yo recibíamos agravios, y hasta insultos, del puñado de viejos chotos que concurrían diariamente a viejochotear a las instalaciones del club.
Me hiciste acordar de ellos, “Chocolate”. ¿Y sabés qué? Me diste asco.

Bandeja de Entrada: Javier Adúriz

De: El Espejo Libros. (espejolibros@elespejolibros.com.ar)

Enviado: lunes, 25 de abril de 2011 05:44:58 p.m.
Para: ;


Javier Adúriz mira los samurai, esos guerreros japoneses iniciados en el budismo zen que sabían, saben, mirar los límites de lo humano. El también sabía. Allí están sus poemas en los confines de muchas experiencias y el asombro: "Querido escuerzo / no me mires así / estoy de paso" . Los mira en esta ubicuidad que asumo para hablar sobre su generosa vida. Dadivosa, podría bien decir, para dar con el talante de este heredero de los bardos, ya que el humor de su corazón y los dones de la palabra rebasaron su apasionado cuerpo y con calma y dedicación abrazó no sólo el destino de la poesía, sino la complicidad de la amistad y su lugar en la tribuna, en el tablón. Sus amigos están de duelo, guardan silencio, tal vez escriban también su homenaje, aunque saben, con Javier, que... "A cada paso / vas hundiendo tus pies / en otra carne".
Apenas disfruté tres años de su cariño. Y parte del último sólo con noticias sobre su salud. Estaba consternado, el camión de la enfermedad se lo había llevado por delante. Pero no cedía, seguía planeando libros que publicó con sus amigos Pereiro, Sylvester, Oteriño y muchos más. Su familia excedía con creces el círculo íntimo de su querida Ana y sus hijos, a quienes les legó en vida:




"El atómico" declara su deseo

Dejo dicho, en caso de no atinar al piletón,
que lego mi flamante casco de corcho
a Agustín, y también las antiparras.
Para Isidro, el overol de loneta reforzada

amén de la flexible bigotera del abuelo:
Para Julieta el maillot, que aunque gordo
y con costuras, ella sabrá ajustarlo.
Para Román, el capirote de hule y los botines


que trajinados y todo, aún son de largo uso.
Para Lucía, el arnés y la mochila de lastre
que habrán de serle fieles para acunar los hijos.


A la señora, en cambio, mi dama, testo y dejo
que me dejo de joder con estos trastos.
Los amo, amigos, porque hicieron el significado.


La última vez que lo ví nos despedimos en la parada de un colectivo. Me fui extrañándolo en un silencio donde las vivencias compartidas y sus poemas gravitan.
Cuando lo conocí, nos bastó unos minutos para sondear los andariveles inciertos de los poemas cumpas, para encontrar los guiños de la noche. Cuando le dije que viajaba a menudo a Buenos Aires, desde mi Córdoba, ahí mismo me ofreció hospedaje en su departamentito de Peña, donde tenía el taller de escritura. Allí, hay varias imágenes budistas. Le fascinaba ese mundo habitado de aire y bruma, en una danza perpetua, que lentamente el vacío rodea. La respiración a él se le antojaba con tabaco, y así teñida encontraba su norte, su pálpito, sus goles.


En La verdad se mueve, un proverbio zen que cita al comienzo del libro, escribió:


"Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.

Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.

¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?"









Gracias Javier por tanta vida!


Antonio Moro






Breve Noticia Biobibliográfica:


Javier Adúriz, poeta argentino, nació el 16 de abril de 1948 en Buenos Aires, falleció el 21 de Abril de 2011. Se dedicó a la docencia y colaboró en varias publicaciones de poesía. Fue director de la publicación León en el Bidet. La revista Omero/poesía le dedicó un número monográfico con antología: Vámonos con Pancho Villa y otros poemas, en 2002. Colaboró regularmente desde su fundación en la revista “Hablar de poesía”. Ha escrito numerosos ensayos sobre literatura argentina y realizado versiones de poesía inglesa en la colección “Traducciones del Dock”, que dirigió hasta su fallecimiento. Codirigía con Oteriño y Sylvester la colección "Epoca", en Ed. del Dock, donde publicó textos sobre la poesía.


Obra poética:


* Palabra sola


* En sombra de elegía


* Solos de conciencia


* Égloga brusca


* La forma humana


* Canción del samurai


* La verdad se mueve


* Esto es así






Varios poemas de Javier Adúriz han sido musicalizados por el compositor Juan María Solare, como:


* Más allá del amor (mezzosoprano, clarinete, viola, cello)


* Mala leche (canto y piano)


* Tiempo (para coro)


* Sombra (para coro)



"Antes de irme / voy a colgar la ropa / en una percha"

domingo, abril 24

Ni el primero ni el último

domingo, abril 17

Nero, no pooodé...

lunes, abril 11

Bandeja de Entrada: El lince miope

Amigos,


queremos compartir con ustedes una buena noticia. A partir
del 10 de abril lanzaremos El lince miope (la mirada injusta),
colectivo dedicado a la literatura relacionada con Córdoba.
Publicaremos críticas, comentarios y reseñas junto a una gran
lista de colaboradores, intentando abarcar con honestidad intelectual
la amplitud de miradas y matices que coexisten en la producción
literaria de la región.


Los esperamos
Alejo Carbonell / Martín Cristal / Diego Vigna
http://www.ellincemiope.com/

lunes, marzo 21

Triple del Pichi

Se acabó el perfil bajo. Ahora figurettiamo en Política, Policiales y Espectáculos... ¡al mismo tiempo!
¿Éste era año electoral, nocierto?...


La Voz del Interior